llegar un martes
de otoño soleado
fresquito, manos frías y arenosas
después de haber rascado el lomo
de tres gatas misteriosas
el pelo limpio los rulos
definidos
un poquito de sed pensar en el agua
subir al ascensor y adivinar lo que se está
cocinando detrás de cada puerta
quizá pollito amor quizá
dejar mis cosas en la cama
mal tendida mal ventilada
poner a calentar un rico pedazo
de carne y sentarme
en el escritorio
pero es que rebalsa de cenizas
el pobre
y la soledad se esconde
en el movimiento
circular
de las agujas
de un reloj.
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