3.8.10

caminamos para rivadavia en la mejor hora del día, no queda mucho por charlar entonces

[auriculares
chicles de mandarina
abrigos invernales]
vos de una vereda y yo de la otra me dice
veo que mi cuadra está más sucia, hay palomas
y bolsas de basura en las esquinas
de tu lado todo es más lindo
las baldosas menos rotas y el sol dibujándose en cada cosa
las palomas se vuelan desde acá y se ponen
a boludear enfrente tuyo
(esos bichos todo el tiempo comiendo, pienso, cogoteando por ahí)
(un tip: ahora el buen artista es el que se anima
a sentir más dolor)
te veo caer en las más graciosas torpezas
un auto te toca bocina pero vos no escuchás
hacés papelones te reís de vos misma
del juego de mirarnos caminar hacia el mismo lugar
yo te veo del otro lado, trato de ir a la par pero
un perro llama la atención en la vidriera
tiene unos ojos marrones como la miel dentro de un tarro apuntado al sol
mira a través como esperando algo, un suceso, algo de interés animal
no quiero romper sus expectativas:
lo miro fijo presión presión
entro en sus ojos, me creo más natural
él me entiende, mateo no me cree
pero nos entendemos porque somos dos seres vivos
en esta ciudad y nos enamoramos aproximadamente 30 segundos
perro baja la mirada, se inhibe me pide que lo mire más
le sonrío y me voy, no me va a extrañar pero tuvo su suceso
catalina va musicalizando del otro lado de la vereda
con una sonrisa bastante tranquila y yo
me doy cuenta que las últimas siete cuadras fueron pura poesía

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